Abrí un frasco y comí, comí y comí chocolates por montones mientras me hundía en los últimos recuerdos de ambos que alcancé a esconder por algunos rincones de mi cabeza. He tratado de rescatarlos desde hace meses, los guardo detrás de piedras, vinilos y pañuelos, pero ya es inútil. Es que está esa maldita obsesión con tener un final. Esa que te hace levantarte a diario y te alimenta y que me hace olvidar las diez, cien y mil cosas que odio de ti, para terminar sintiendo que aún te quiero y más.
Suena una canción.
Caen un par de lágrimas, pero de cocodrilo.
Me hablan, asiento.
Se acaba el chocolate y con el
Tú, tus recuerdos, tu vida, tus gustos , tus colores, tus metáforas y tus falacias.
Es que metafóricamente hablando tú eres una metáfora y al final, yo también.


1 comentarios:
Excelenteeeeeeee :) shá te lo dije , tienes un don para escribir y hablar, gracia al comunicarsh
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