-parte I
Almendra quería un conejo, un conejo de color blanco y qué tuviera largas orejas.
No le gustaban tanto los animales pero, la idea de unos dientes enormes acompañados de zanahorias le parecía hasta divertidamente peligrosa.
Luciano tiene un día sagrado: los miércoles. Es casi imperdonable que Almendra no pase por el negocio de la esquina a comprar cigarrillos, ella entra pide unos Hilton azules y fuego, pero jamás dice más de lo necesario. Cuando Luciano le pasa el vuelto, se acuerda de cuando jugaban en el pasaje y trata de preguntarle si puede pasar por ella después de la once para jugar a la escondida o recoger chanchitos de tierra. Todo termina en el momento en que Almendra toma el encendedor de la mesa, prende el cigarrillo y dice gracias.
Almendra está fumando muchísimo, la universidad ha estado bastante aburrida y ya no le interesa lo que piensan los pocos amigos que tiene. A veces sale a bailar con Camila, pero ahora encontró un novio guapo que además la quiere, entonces prefirió hacerse a un lado. Le gusta el negocio de don Rafael porque siempre regala dulcesitos cuando uno va a comprar, a veces se acuerda que cuando era chica iba a ver a Luciano para salir a andar en patines, pero cree que el no debe saber que ella ya creció, que botó sus patines, que ya no juega a la pinta, que ahora le gustan los Hilton azules y que ya no se encuentra sus delicadas pecas cuando se mira al espejo.
Luciano espera encontrarla en el paradero aunque ya no tome micro, ahora prefiere caminar y pensar sí quiere seguir con la Maca, pero cuando se acuerda que los martes en la mañana piensa que al otro día entrará al negocio la chica de los Hilton, no sabe si la Maca es la opción. Ni siquiera le gusta su nombre, le gusta su pelo, sus labios, las pestañas y los dientes, pero no le gustan sus manos. Y si piensa en Almendra, encuentra sus manos, se las sabe de memoria, le gusta cuando pinta sus uñas, sobre todo de morado, pero le fascina cuando las lleva al natural, la forma en que las mueve cuando camina e incluso a veces las dibuja en cualquier papelito que encuentre por ahí y las deja con el viejo conejo rafael para que le hagan cariño.

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