Me invitaste a vivir a una casa con ventanas azules, como me enseñó Sebastián. Me dijiste que tendríamos la alfombra roja que vimos en la tienda. Me ofreciste tener el refrigerador lleno de moras para cuando quisiéramos comer pastel. Me dejaste mi polera favorita de tu clóset para evitar las pesadillas diarias. Me compraste el cubrecamas blanco que siempre quise.
Y compraste un par de tazas.
Amarillas.. Siempre me ha gustado ese color.
Luego me mostraste el mueble de la cocina lleno de té. De todos los sabores que existen. Inclusive había uno que tu inventaste.
Me dijiste que eran para que tomáramos once.
Me dijiste que desayunaríamos el de naranja.
Y me dijiste también que la tetera ya no sonaría igual,
porque
ahora
tomarías té
conmigo.
*


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