Las noches de domingos son más oscuras que otras y más tristes aún. Aunque a la Mariela ya no le afecten las canciones de desamor y crea que De Saloon y sus melodías sean parte de sus últimas reencarnaciones, siguen quedando los Domingos, los malditos Domingos.
Ella y tú y yo sabemos que cuando el cielo se cubre de lunares amarillos y sabes que tu semana acaba y empieza a la vez, sientes esa extraña sensación de vértigo. Y nisiquiera sabes a qué.
Pero, es que simplente es domingo y Mariela esperó que llegarás con un ramo de tulipanes y los hicieras viernes, como todos los días en que puede ver el reflejo de sus ojos en los tuyos y pensar que Drexler tiene razón.
Pero no se pudo.
Hay veces en que simplemente no se puede.
Hay otras en que lo más sano es que sea Domingo para siempre.
Y la mayoría de ellas son porque si siempre fuera domingo, siempre sería fin de semana y así siempre sería viernes.
Y los viernes Mariela, tú y sobre todo yo, estoy enamorada.
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1 comentarios:
Domingos de odiar todo y de no odiar nada.
De esperar, de aburrirse y de aburrirse de esperar.
Ya vendrá , domestica tu compañia !
Te lo dice la Clau domadora de leones :D
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